Encuentros en la segunda fase

junio 09, 2020

Encuentros en la segunda fase

Encuentros en la segunda fase

Es difícil acostumbrarse. Una trabajera. Y aunque sabes que esto es así y va a seguir siendo así, es un puf, un bah y hasta un huy. La segunda fase ha empezado en León con el edredón en la cama, que tienes los pies en la Antártida y la cabeza en el otro extremo, intentando conservarla fría. Será porque todavía no es cuarenta de mayo.

Para estrenar fase, he hecho cola en la mercería. Hay que experimentar nuevas emociones. He repasado la hilera de hilos de todos los colores, en arco iris, una belleza. Hay botones para todos los gustos. Y alfileres a los que les ha crecido la cabeza, como para que sólo las agujas se pierdan en un pajar. Había que esperar turno también para tomar una café en la terraza, hoy helada, y aunque se podía entrar, la barra sigue prohibida. Hay barra libre en los centros comerciales, los gimnasios y las piscinas, como que todo fuera eso de antes, la normalidad, pero en frío. Quizá es que a 38 de mayo hiberna la ciudad del invierno.

Es difícil acostumbrarse a que tengas que desacostumbrarte. A la rutina de esos tiempos del confín, donde la tierra conocida era tu casa y el tiempo eterno, a veces detenido en el límite, otras volando libre como si estuviera fuera de la jaula.

Han vuelto los vencejos, los pájaros que duermen en las nubes. Y han regresado los hombres de blanco a mi calle. Por eso sé que esto es así y que va a seguir siendo así. Aún, todavía está aquí. He cerrado la ventana. Afuera quedaron los pájaros cantando y el ulular de la ambulancia alejándose camino de una Uci. Había cola en el bar, como antes de esta nada, pero a los vecinos se nos congeló el sueño. Hasta mañana. Feliz fase.

Susana Vergara Pedreira


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