Diario de una Desconfinada (Día 13)

julio 03, 2020

Diario de una Desconfinada (Día 13)

El Tiempo

Antes de que todo se ponga en marcha, cogemos las bicis y marchamos escapando de la ciudad. Cada mañana. Cuando suena el despertador. Y cuando no suena, también. Trasnochar y madrugar. Apuntarse a todo. Estar a tiempo de llegar a tiempo.

Antes de que todo vuelva a lo de antes, dejamos atrás los camiones de los repartidores, las ambulancias en paro, las colas a las puertas de los bancos, las trapas de los negocios que han podido abrir aún bajadas, las calles despertando.

Antes de que todo despierte por fin, nos vamos con las bicis a soñar. Dejamos la redes aún dormidas,  los periódicos sin leer, el café sin tomar. Cruzamos calles, nos subimos a las aceras, bordeamos descampados y ponemos rumbo a ese otro mundo que está ahí, a un paso de nosotros. Aún silvestre, casi sin domesticar.

En ese camino que cogemos cada día, cuando la ciudad se despereza en la era del coronavirus aletargado esperando la próxima batalla, se va incorporando la vida. Llega con su parsimonia de los senderos que vienen de los pueblos. Con el viento de cara, con la brisa esa de este León que todo lo congela dándonos en la cara, saludamos a tantos desconocidos que los días se vuelven buenos a la fuerza.

Con la cuesta por delante, intentamos averiguar dónde queda el final del camino. Y aunque hay señales, no se desvelan. Ninguna dice cuándo. Aunque en ese camino, hemos aprendido cuánto vale el tiempo. “En llegar hasta el final gastáis 10 minutos más”. Nos miran Rosario, Carmen y su amiga desde su mascarilla.

Gastar el tiempo. Tantas veces en ir tan deprisa a ninguna parte. Volvemos cuesta abajo. A  toda prisa. A toda risa. Y aún llegamos a tiempo.

 

Susana Vergara Pedreira


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