Diario de una desconfinada (Día 1)

junio 25, 2020

Diario de una desconfinada (Día 1)

Comienzo

Empecemos. Año 2020. Con la nueva normalidad, ha vuelto Carmina a casa. Ha tomado los mandos de las bayetas y la lejía y yo he cedido terreno. No me ha costado y eso que cuando perteneces a un matriarcado, desde pequeña te acostumbran a mandar y luego te cuesta un mundo dejar de mangonear. Más que como si te fuera la vida en ello, como que te va en el ADN.

Nos desconfinaron y hemos vuelto a la calle. A hacer como si tal cosa. Un imposible. El Virus no se ha ido. Está aquí con nosotros. En cada conversación, a cada minuto. Han vuelto los amigos en directo, separados. Las cervezas, higienizadas. Las mascarillas, reutilizables. La precaución, renovada. La vida, despertando del letargo.

San Juan. La noche. El comienzo de todo. Otra vez. Aunque sea menguante. Que todo arda en el fuego. Que el tiempo apague el rescoldo.

Imaginé una noche sin hoguera, sin deseos, sin pasado. Sin olor a hierba mojada. Sin los fuegos que veía en el cielo agarrada a mi abuela la víspera de la noche larga, cuando era su cumpleaños y la vida estaba por delante. Pero el cielo me regaló rayos, truenos y centellas, pirotecnia natural, la lluvia regó las jardineras y mis vecinos de mesa prendieron un fuego en el que quemamos lo pasado y saltamos las brasas, mascarilla en boca, contagiados de una extraña felicidad. Sueños. Por la mañana, me bañé en aguas profundas aunque no hubiera nueve olas porque yo he sido siempre muy de hijos uno o ninguno, y con el tiempo, según mi hija se ha ido haciendo mayor y le he ido inculcando lo del matriarcado, he pensando mucho en lo último.

La tormenta me devolvió a ese otro tiempo de calles vacía y silencio. Tiempo para escuchar los pasos. Decidir el camino. Empecemos. Siempre es tiempo. Feliz tiempo.

 

Susana Vergara Pedreira


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