Diario de una confinada (Día 91)

junio 15, 2020

Diario de una confinada (Día 91)

De repente

Qué prisas, así de pronto, que no me habéis dejado ni acostumbrarme. No me había aprendido todavía lo de la fase dos y ya estáis en la tres. Como sigáis así, me veo en la playa pero ya. Ah no, que no nos dejan. No quieren. Están las fronteras levantadas. Las de las provincias. Qué parcelado se ha quedado todo así de golpe.

Qué prisa. De sopetón. Como cuando entras en casa y te llaman al móvil. Pero claro, tú estás con lo del virus, un poema. Jabón mientras recitas a Calderón y eso de que la vida es sueño y los sueños, pesadillas son. El teléfono sonando. Lejía para los pomos, el grifo, la encimera, la puerta de entrada, repasa el itinerario que ha hecho no se te olvide algo. El teléfono venga y dale. Sécate las manos, coño, las suelas de los zapatos, que mira, de verdad, yo ya es que estoy por pasar, que no vuelvo a salir de casa. Y el teléfono a lo suyo. Por fin llegas, lo coges y cuelga. Es que nunca está a lo tuyo. No quiere. Que es como si lo adivinara. Mira que ya lo sabes, te acercas despacio, sigilosa, incluso dándole la espalda, y es verte llegar y colgar. Que te recuerda un poco al conductor ese de autobús, que tampoco te quiere, que justo cuando vas a subir, después de hacer los cien metros en zigzag por la calle sorteando el bolso, las bolsas y los bordillos, el muy borde va y arranca y ahí te quedas. Colgada.

(91 días, un paréntesis de 91 días, no sé si a eso se reduce todo. No quiero). De repente, qué enorme se me hace este mundo. Todo tan lejano. Distante. Feliz fase. Cuidaos mucho.

Lavarse las manos con poesia
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.
Calderón de la Barca (1635)

 

Susana Vergara Pedreira


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