DIARIO DE UNA CONFINADA PERIMETRAL 2

octubre 22, 2020

DIARIO DE UNA CONFINADA PERIMETRAL 2

Jaleo en el belén

Me he pillado un agobio mayúsculo. Vamos, con mayúsculas. O sea, Agobio. Me dio por ponerme a pensar, que quién me mandaría, la verdad. Ya no tiene remedio. Que pienso que la felicidad está en la ausencia de pensamiento. 

Qué agobio. Y todo por nada. Y no ha sido por los treintaitantosmil contagiados de ayer, ni por el confinamiento perimetral 14 días más, que peor serían 15, que ya sé en qué consiste, un aburrimiento existencial, ni por lo del toque de queda para que no quedemos, que ya sabemos qué es, lo que pasó en marzo a partir de las 8 de la tarde, que se te cae el sofá encima, ni porque digan que van a cerrar los bares, terrazas incluidas, bueno, esto un poco, la verdad, ni por los jaleos, que no hay quién se aclare, ni por lo que no entiendo, que oye, a lo mejor a vosotros no os pasa, que digo yo si no será difícil de comprender porque es incomprensible, ni porque digan que nos van a meter en casa otra vez, ni la no-Cabalgata de Reyes, que se van a tener que quedar en el perímetro continental, ni por la no-noche de Nochebuena, que se presenta como la Nochebue-no. Nada. Todo me dio igual. Casi igual. Un poco igual. Pero oye, fue escuchar la palabra Navidad y me deslicé por una pendiente, helada, patinando hasta darme el porrazo contra la angustia. Como cuando iba a esquiar. En aquellos tiempos antes del virus.

Es que no me va a dar la vida. De verdad. Hacer mascarillas para todas las figurillas del belén. Separar los rebaños a riesgo de que pierdan la inmunidad. Mandar el BOE a los pastorcillos con la nueva normativa. Prohibir las trompetas celestiales. Cerrar la posada. Desalojar el castillo de Herodes para hacer allí las PCR, que me parece el mejor lugar. Mandar analizar el agua del pozo y del riachuelo en busca de rastros de Covid. Avisar a los Reyes de que este año que no vengan. El oro, que lo manden por bizum. La hilandera, la tejedora, el zapatero, el herrero, el carpintero, el molinero y el alfarero todos al teletrabajo. Nada de colas en la panadería. El sanador, que consulte por teléfono. Y el aguador, en la calle sólo hasta las 10. Al Ángel ya le he dicho que anuncie la buena nueva con un dron. Nada de cánticos, sean o no villancicos. Todo el que no sea esencial, que ni se acerque. María, José, la mula y el buey no hace falta que guarden distancia de seguridad porque son unidad familiar. El Niño Jesús no tiene que llevar mascarilla, lo avala la ley de Moisés, o la que sea, porque no estamos para andar cambiando la historia. O sí. Y luego me queda lo de meter allí, que no pega nada, un arca de Noé.

Total, que a dos metros por figurilla  he calculado que no me da la casa. Okuparé la del vecino.

Hay días que son noche. Hay noches que ya ni música escucho. Caer dormida. Anestesiarme en el sueño. Cada mañana, amanezco pensando en qué estación me he despertado. Por pensar, pienso en el Nacimiento. Para no rendirme. A lo lejos, observo el pasillo que va a llevar al belén. En mi mente, he trazado un sendero ondulante, lleno de curvas. Para que el camino sea largo. Y el viaje lento.

Susana Vergara Pedreira


Comments


  1. Nieves

    22/10/2020 at 10:30 Responder

    Buena reflexión. Angustiada me dejas al pensar que no van a poder entrar los Reyes Magos y que tendrán que quedarse en Oriente. Eso es fatal.

  2. Paula

    22/10/2020 at 18:34 Responder

    Has sido capaz de arrancarme una sonrisa…gracias, porque a día de hoy cada vez cuesta más eso de sonreir.
    Lo del agobio a dias bien a dias mal…que pena no ser un oso y poder hibernar; y al despertar que todo esto hubiese pasado.

LEAVE A COMMENT