Diario de una confinada (Día 94)

junio 19, 2020

Diario de una confinada (Día 94)

Caracoles

De pequeño ya te acostumbras. Por esto, por lo otro, por todo o por nada. Qué mas da. La fruta porque es fruta. El pescado porque tiene espinas. El helado porque no había el que tú querías. Tus hermanas porque tú no querías. O querías más. Que te dejen en paz, que te hagan caso. Lo que sea.

La cuestión es quejarte. Y así te vas acostumbrando a la insatisfacción. Luego, tienes que aprender a desaprender. Porque lo mismo cuesta ser positivo que negativo, optimista que pesimista. Sólo que mí lo primero, los dos primeros, me hacen más feliz. Y ya no pierdo el tiempo. Qué queréis.

Esta mañana, con el fresco aún de recién amanecido en la calle, caminé hasta el río. Y ahí estaba, la obra del alcalde. Qué no habrá tenido tiempo en casi cien días, en 72 todos confinados en casa, y va y corta ahora el paseo, sombreado por chopos, bordeando el agua de un cauce sin pantanos que aún no ha secado el calor, y lo llena de máquinas y ruido. No se escucha ya al cuco, ahora que había puesto yo el oído en modo natural y había comenzado a reconocer más sonidos que el de coches, ambulancias, patines, lloros y perros.
Las vallas te desviaban otra vez al asfalto, así que había que pisar pavimento de nuevo. Y ahí estaban ellos. Paseando sobre la acera, conmigo. Decenas de caracoles. Que te hacen pensar. Se habrán confundido, se han perdido, se han convertido en animales urbanos, no saben lo que hacen, peor, no saben lo que quieren. Como tú ahora, con esto del virus. Que te hacen reflexionar. No sabes si debes intervenir o no. Devolverlos a su vida, a lo que tú crees que es su vida. Como tú ahora, que ya no sabes cuál es.
Una calle divide dos mundos. En la tienda venden fruta madura, demasiado madura. Al otro lado, pescado sin espinas. Por el medio, a su paso, los caracoles. El domingo cambiamos de fase. Caracoles. Llega la nueva normalidad. Y el verano. Feliz fase. Cuidaos mucho.

Susana Vergara Pedreira


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