Diario de una confinada (día 66)

mayo 21, 2020

Diario de una confinada (día 66)

El misterio

La madre de Íker Casillas. Esa sí que se merece un homenaje. Bueno, quiero decir que también. Que también se lo merece. Porque no es lo mismo que a tu chaval le guste el futbol en Marbella, o en Cádiz, que en León. Que mientras estás en el campo viendo el partido piensas por qué no lo habrías matriculado en ajedrez, que dicen que también es un deporte aunque del cerebro, que no es un músculo pero mueve todos los demás, incluidos los de la voluntad.

Que a tu chaval, o a tu chavala, le dé por el fútbol supone muchas horas de frío. Y de aburrimiento. Esperando de noche a que acabe el entreno. Venga ligas y liguillas todos los fines de semana. Limpia el barro de los tacos. Con lo que una tiene que hacer.

Ese gran misterio. Tardas en comprenderlo. Y al final, tienes que rendirte. Y decir eso de ‘es fútbol, estúpidos’. No se necesita nada. Ni campo, ni luces, ni portería, ni botas. Ni once. Ni siquiera balón. Basta un trapo enrollado. Basta un grupo de amigos, incluso aunque no, para que haya partido. Basta estar para ser. LLegar para estar. En el grupo. No hace falta hacer una chilena ni un paradón. Ni ser alto, ni inteligente, ni bueno, ni el mejor. Pero quien lo es, se convierte en dios. Y calla el patio entero a la hora del recreo

Es la señal de que no ha vuelta la normalidad. Ni la nueva ni la de antes. No ha llegado el fútbol. Nadie los espera en el campo para recibirlos como Roma a los gladiadores. Y aunque Alemania se haya adelantado, como siempre, en el fútbol, digo, y en todo lo demás, aquí seguimos, 66 días sin partido. Y hemos sobrevivido.

Salí de mi casa cuando el reloj daba las 8. De la mañana. No estabais. Por alguna extraña razón no estabais. Ninguno. Durante una hora, caminé a solas. Respiré sin mascarilla. Imaginé que era un día de verano en León, con el cielo azul y la calma de una ciudad aún dormida. Soñé que todo fue un sueño. Pero no me atrevo a decir que deseé que volviera el fútbol. Hasta mañana. Cuidaos mucho.

 

Susana Vergara Pedreira


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