Diario de una confinada (día 60)

mayo 14, 2020

Diario de una confinada (día 60)

El milagro

A veces, vas por la ciudad y se convierte en una encrucijada. Derecha, izquierda o sigo de frente. Y mentalmente tiras los dados para que el azar haga el resto. Luego descubres que sí, que era el camino acertado. Quizá porque en mitad de la calle sucedía algún pequeño milagro. Y eso era suficiente para justificar que te lo hubieras jugado a la suerte. Como cuando te quitas las lentillas y todo se convierte en nebulosa, que sólo existe el presente, aquí cerca, y el futuro que se acerca en vez de verlo lo adivinas.

Como cuando vas por la carretera y a lo lejos descubres el ciprés en punta de lanza, como el de Gerardo Diego, y paras el coche deprisa y corriendo y a la carrera entras en el vivero para que viva ya para siempre en tu casa.

Ayer, en el León silenciado por el Virus, como una tumba, como un paseo entre el paseo de cipreses de cualquier cementerio bañado por el Mediterráneo, se hizo el silencio. Quizá porque dejé tirado el coche en mitad de la calle, con la puerta abierta. Quizá porque en la acera me esperaba un abrazo largo y profundo. Con guantes y mascarillas, con un ‘ven, que no quepa el virus’, con ese silencio que todo lo dice, cuando dejas que hablen por ti tus manos. Todo el mundo callado. Un tímido aplauso. El tiempo contenido.

Vamos a ir a cenar al primer garito que abra. Lentamente. Y lentamente iremos caminando de noche hasta mi calle preferida, la del Milagro, la de la Canóniga vieja, que qué poder no tendría para que la nombraran así a los pies de la Catedral, mil años igual, de donde partió Galba con sus legiones para conquistar Roma y coronarse, antes del coronavirus, casi dos mil años antes, emperador. Que hubo más batalla y otras epidemias en esta ciudad milenaria.

Tengo planes. Cogeré la bicicleta y compraré dos cipreses. Uno para Dani y otro para mí. Y lo veré crecer lentamente. Hasta mañana. Cuidaos mucho.

 

Susana Vergara Pedreira


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