Diario de una confinada (día 44)

abril 28, 2020

Diario de una confinada (día 44)

En un suspiro

Qué rabia me da. O pereza, no lo sé. Tener que volver a eso otra vez. Desentrañar los gestos, regresar otra vez a lo de qué me habrá querido decir. Como cuando te encuentras a un conocido en la calle y lleva gafas de espejo y no sabes si te está mirando a ti o a cualquier otra cosa. Como cuando bajabas las escaleras del pub y estaba el hombre de tu vida, aunque fuera para los próximos 20 minutos, y te daban ganas de preguntarle si te estaba mirando a ti o a cualquier otra. Que ya de hacer el esfuerzo, que durara un algo aunque luego te arrepintieras de que te hubiera dirigido la palabra porque tú para hablar ya tienes a tus amigas y eso, la verdad.

Ahora todo es un jaleo. Como hay tan poca gente por la calle pues te pasa un poco como cuando vas por la España vacía y te cruzas con alguien, qué menos que desearle buena tarde, al fin y al cabo has entrado en su territorio. Lo mismo ahora con Covid, que en la calle vaciada te encuentras a lo que parece ser un ser humano, aunque sea como recién salido de un laboratorio, y te entra nostalgia de cuando pasabas de largo y ni te fijabas, y ahora resulta que ese ser es a lo mejor la única persona de tu vida en los próximos veinte minutos y hasta querrías que te hablara, un cómo te va todo, que aunque tengas a tus amigas, la verdad que le deseas buena vida. Y mucha suerte. Porque como todavía no sabemos bien cómo va esto del Virus, pues estamos todos en el bombo.

Me pongo mascarilla, guantes y dos metros de distancia y me pregunto si se habrá dado cuenta de que me importa. Así, casi sin conocerlo, incluso sin conocerlo de nada.

Me pregunto si sabrá mirar mi mirada, si encontrará el mensaje escondido, si es verdad que lo esencial sigue siendo invisible a los ojos, si aprenderé cuándo tengo que pasar de largo y cuándo detenerme. Para toda la vida. Aunque sea sólo un suspiro. Hasta mañana. Cuidaos mucho.

 

Susana Vergara Pedreira


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