Diario de una confinada (día 40)

abril 24, 2020

Diario de una confinada (día 40)

Ir de compras

A lo mejor es porque se acercaba el 23 de abril y como no podemos celebrar San Ikea, lo de la campa esa de Villalar nos queda tan lejos, en todos los sentidos, y ya nos hemos leído tantos libros… Bueno, pues me dio igual que no pudiera ir. La víspera del día 40, salí de compras. Y ya podéis ir cambiando lo de la cuarentena por el siguiente dígito, porque vamos a por los 50. Días. Salí de compras y qué alegría, encontré. Me resultó raro la verdad, porque vas de casa con una idea y te la van quitando de la cabeza por el camino. Que eso no es de esta temporada, que no te va a sentar bien, que es mejor otra cosa, que esto no se lleva. Pero si yo lo único que quiero es un bikini negro.

Pues salí de compras y había. Mascarillas, guantes, gel, alcohol, de todo. Ahora lo sé. La cuarentena ha consistido en esperar a que llegara lo que necesitábamos para que no llegara la pandemia. Dicen que el lunes llegan las rebajas. A las farmacias.

Hay cosas que antes me parecían absurdas y ahora absurdamente las echo de menos. Y eso que todavía no me he decidido, no sé aún si me gustan las fiestas o no. Creo que lo segundo. Como los domingos. Mejor un viernes, o los jueves por la tarde, cuando todo está aún por llegar. Sueño, posibilidad.

Antes, cuando todo esto no era siquiera una posibilidad, Ikea se convertía los 23 de abril en la calle mayor de León. Como ir de compras por Ordoño, saludando a todo el mundo. Que a todos os daba por hacer lo mismo que a mí, aunque te llevaran a rastras con la promesa de comer al borde del mar. Bueno, y de unas sidrinas. Una caja de doce, como para un paisano.

Ahora, este santo pagano me parece un milagro. Lo adoraría. Hasta iría en peregrinación allí. Lo que cambian las cosas cuando las cosas cambian.Ahora, me echaría una carrera por los pasillos de la tienda, sin detenerme en nada, a toda velocidad, una y otra vez, sin pararme a mirar cosas que voy a comprar aunque no las necesite, sólo porque me gustan. Y luego, me dejaría caer en cualquier escaño de cualquier pueblo, sesteando la tarde, contando nubes, dejando pasar el tiempo, anestesiada, escuchando las olas, o el viento, o la nada.

Sí. Me voy a comprar un bikini. Negro. No hace falta que la mascarilla vaya a juego. Me dará el sol y respiraré a bocanadas. Y después, soñaré que todo esto ha sido un sueño. Y vosotros, también. Hasta mañana. Cuidaos mucho.

Susana Vergara Pedreira


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