Diario de una confinada (día 34)

abril 17, 2020

Diario de una confinada (día 34)

Cerebros sin tiempo

Lo mismo no os lo he dicho. Yo me voy a operar. Cuando sea mayor. Sin prisas. Lo de operarme y lo otro. Cuando me haga adulta, que ni idea de cuándo será pero si lo notáis vosotros antes, si os dais cuenta de que me pasa pues me lo decís por si yo no me he dado cuenta. Pues sí, me voy a hacer un estiramiento. Del cerebro. A ver, que ni idea de cuántos pliegues tiene mi corteza cerebral y eso, que yo supongo que lo normal, aunque si lo pienso, tampoco sé lo que es normal. Pero sí, lo tengo completamente decidido. Más o menos. Me voy a alisar la parte que hace que el tiempo no pase como tú quieres que pase.
Aquellos veranos eternos, al sol, al viento, a la Nivea y los helados, buceando en quién sabe qué profundidades, huyendo de las voces que decían que había que irse para casa, pero si apenas había sido una promesa y el día, aunque se hiciera ya noche, aún vivía. Eran eternos. Felizmente eternos. Por qué ahora ya no.
Yo creo que es por las rebajas. De verdad. Si os dais cuenta, sin que se haya ido el frío ya están los colorines en los escaparates, que no lo entiendes, la verdad. Antes de que llegara el Virus a este mundo, al nuestro porque lo de China no cuenta, que ya se ve el caso que hicimos de lo que pasaba, pues antes de todo esto ya estaba el amarillo, el naranja, el coral, los azules cielo y mar en todas partes menos encima de nuestras cabezas, que todo seguía plomizo, anticipo de lo que iba a pasar. Lo que no había era verde, ya ves, ese se lo reservó todo el Virus. Qué falta de previsión y hasta de intuición del mundo de la moda, y del mundo en general, si iba a ser el color de la temporada… Antes de que te puedas poner el bikini, los que podáis, que al paso que vamos va ser mejor que perdamos el mes de abril y también el de mayo, junio, julio agosto y ya si eso nos presentamos en septiembre, pues antes de que el calor haya hecho el amago de llegar, ya han llegado las rebajas. Y estás en la playa y las tiendas vestidas de otoño, hija, que te llevan a una velocidad… Como cuando estás en parvulitos y te preparan para primaria, en secundaria para el bachiller, ahí para la universidad y venga la carrera, tanta prisa para no llegar a ninguna parte.
Yo creía que con esto de Covid me iba a dar de sí todo pero ya ves que no, sólo la talla, que para el resto no me da la vida. Creía que iba a estudiar inglés, meditar, reflexionar, leer, hacer planes, estar en casa, trabajar… Bueno estas dos últimas cosas sí. Trabajar, a todas horas, en eso consiste el teletrabajo, pero eso ya lo habéis descubierto vosotros. Y lo otro, pues como el teletrabajo, a la fuerza. Yo creía, yo creía, quién me mando tener tanta fe.
El tiempo en tiempos del Virus se consume entre la lejía y un teclado.
¿Lo escucháis? No, no es él, que viene a por nosotros. Es el cocodrilo del capitán Garfio, la pesadilla de Peter Pan. Por eso seguía en su sueño, por eso no quería despertar, como ahora nosotros, que caemos en la cama y pensamos, que dure, por favor. Y no. Sólo un sobresalto. Es el tiempo. Tic tac, tic tac. Por eso hacemos tanto ruido siempre, para no escucharlo.
Yo por eso mismo me quiero operar. Pero no del oído. Del cerebro, que es el que oye. Para que el tiempo vuelva a su compás. Y deje de pasearse por delante de mi lentamente a toda prisa. Hasta mañana. Cuidaos mucho.

Susana Vergara Pedreira


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